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Fue un gran orgullo para mí recoger el premio Talento Femenino al Vino y el Enoturismo otorgado por mi proyecto Donesvi este pasado noviembre.


Women Wine Female Talent
Emma Benet Women Wine Female Talent. Photo by Thomas W Photography

Donesvi nació hace ya tiempo, entre países, profesiones y aromas.

Países.


Andorra.

Tenía la sensación de que era pequeña, como mi país, y que más allá de aquellas fronteras que yo controlaba como policía había un universo por descubrir. Ahora cuando miro atrás me veo como el Pequeño Príncipe de Saint Exupéry. Una andorrana mirando al horizonte desde su pequeño mundo. Decidí construirme una nave e irme a descubrir qué había en ese universo desconocido.

París.

Allí me sentí como una auténtica citadine, la Colette andorrana que se sentía por fin como una mujer libre explorando las obras revolucionarias escritas por Simone de Beauvoir o Simone Veil entre otras.

Londres.

Un vuelo hacia Londres y allí cerca de diez años me quedé, aunque inglesa nunca me he sentido y mis raíces andorranas siempre me han hecho volver a mi país. Siempre fueron visitas cortas a mi país natal, para impregnarme de la energía de las montañas y de aquellos que quiero antes de regresar a la gran ciudad londinense que tanta experiencia me estaba dando.


De Londres a vivir entre viñedos, aquí, en el Penedès.

Profesiones.

Me fui de Andorra como policía e hice las prácticas de abogada en París. Mesdames, Messieurs, quel luxe! Aún no tenía 30 años. Aunque una vida laboral prometedora me espera en París, decidí escuchar lo que sentía dentro de mí, y lo que sentía me decía que allí no era donde tenía que quedarme.

Londres.

Como decía antes, me fui de Andorra como policía, y siempre había dicho que me iba para comerme el mundo. Y no podía ser de otra forma pensaba, era policía y me acaba de registrar como abogada. Pero la vida nos recuerda que para crecer debemos pasar varias etapas cruciales y yo todavía en esa época me faltaba recorrido. Todo esto para deciros que realmente la vida se me comió a mí. Para empezar en uno de mis primeros vuelos a Inglaterra me retuvieron en una sala del aeropuerto de Heathrow, entre extracomunitarios (recuerdas, soy andorrana). Querían hacer comprobaciones de quién era yo, qué venía a hacer en Inglaterra, por cuánto tiempo me quedaba entre otras preguntas que a mí me eran familiares. Yo era policía, estas preguntas las hacía yo a los que reteníamos o deteníamos en las fronteras de Andorra. Ahora me las hacían a mí y yo me sentía tan y tan pequeña, ¿qué me estaba pasando? Una voz dentro de mí les quería gritar ‘¡no podéis retenerme a mí! ¿No lo veis que yo soy policía?', otra voz, la que todavía me acompaña hoy y que la llamo “la voz Bloom” me susurraba “da las gracias al Universo por la lección que estás aprendiendo hoy”. Hoy las doy las gracias, gracias Universo y gracias Bloom por acompañarme siempre.

De aquella me salí, pero llegaron otras lecciones, como unas olas matadoras que lo arrasan todo después de un tsunami. Todas y cada una de esas guillotinas eran a la vez los momentos más duros de mi recorrido así como los mayores aprendizajes de mi vida. Mi voz bloom lo sabía, yo todavía no.


En Londres, entre esquivar y surfear las olas matadoras logré sacarme un posgrado y empezar a trabajar de profesora de idiomas en un instituto. Pero echaba de menos ese trabajo de policía. No sé si era la falta de adrenalina en algunos momentos, o el contacto tan estrecho con la ciudadanía, pero en todo caso decidí presentarme a las oposiciones de la Metropolitan Police (también conocida como Scotland Yard). Y ya estamos otra vez, vestida de poli, bueno, ahora de bobby, patrullando las calles de London Bridge. Podría explicaros muchas anécdotas, momentos de felicidad y tantas otras tristezas enormes. El trabajo de policía en Londres fue como una explosión de mil sensaciones por minuto. Casi como la misma sensación cuando hueles un Pinot Noir de la Borgoña. Cierra los ojos y concéntrate... puedes sentir decenas de aromas a la vez. De fresa, de cereza, de pimienta negra, de clavo, de champiñón e incluso de cuadra de caballo. Ahora que hablo de vinos, hago mención que es justamente en aquella época que me llegó una afición por el vino y allá es donde comienza el viaje Donesvi. Bien, volvemos a lo que decíamos, mil sensaciones en un minuto. Como policía en Londres podías estar ayudando a un sin techo a de repente tener que correr detrás de un chico que acababa de apuñalar a otro. Y a menudo con el miedo a flor de piel, no íbamos armados.

Penedès.

Lo resumiría como “después de la tormenta viene la calma”. Mi voz Bloom estaba en lo cierto. De hecho, ahora ella y yo ya somos mucho más amigas. Yo la escucho más y no la hago callar tanto. Quizás aquí entre viñedos hay más silencio, o quizás yo estoy más en paz. En cualquier caso, entre montañas, olas vertiginosas y grandes ciudades aquella afición por el vino se convirtió en una pasión y de ahí en mi profesión. Ahora me sigo sintiendo como el Petit Prince, como aquella citadine con alma de policía, todo en una, pero ahora más que nunca observo y sobretodo me escucho.

Bueno, quería introducirme escasamente para que comprendieras el alma detrás del proyecto Donesvi y al final me he alargado. Pero como decía, gracias a este reconocimiento de Talento Femenino, que aparte de la ilusión que me hace recoger un premio como éste también me recuerda que Donesvi nace no sólo del vino (que hablaré próximamente) sino de mí, de mis paises, de mis profesiones y de los aromas de mil colores que me acompañan en cada momento.





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